SOBERANA ORDEN DE
INICIACIÓN SOLAR SUFI GENIZAHR GEBURAH
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La historia del Tiempo-9 Por José Argüelles
Página 9 / 18 El árbol se va para el Sol En cuanto la tortuga encontró su lugar en la más cósmica de las tiendas lunares, el árbol fue hacia el sol. El sol para el cual fue el árbol era el sol del tiempo del sueño. Para el árbol, éste sol se parecía con una gigantesca tienda-espíritu flameante. Era perfectamente circular y totalmente ardiendo, lanzando anillos de fuego en todas las direcciones. Al principio el árbol quedó aterrorizado, pues el fuego es enemigo natural de la madera, pero el árbol recordó de que estaba en su cuerpo del sueño y el fuego no podría quemarlo. El árbol-espíritu en la flameante tienda solar. Adentro había una gran caverna circular de fuego. En el centro de la caverna de fuego había una bola blanca y caliente. A través del topo y del fondo de la bola, un fino eje luminoso se levantaba tanto encima cuanto abajo el más largo que el árbol podía ver. Proyectándose de esa misma bola blanca y caliente había cuatro largos polos. Pero estos eran polos de fuego, cada polo de fuego, estaba girando, moviéndose lentamente. Uno de esos polos flameantes se abre en lluvias de llamas derretidas. Cada una de esas cuatro lluvias entonces irrumpían en cinco ríos de fuego. Cinco ríos de fuego, cuatro polos de fuego, y un eje luminoso para mezclar un caliente y blanco núcleo central. El árbol temió e imaginó lo que estaba mirando. Lo mismo que cuando él pensaba una profunda ígnea mas con amigable voz le habló de un modo tranquilizador. Yo soy el sol. Lo que tú estás mirando es mi giroscopio del tiempo solar. A través de mi giroscopio del tiempo solar mi eje me une a Hunab Ku, exactamente como tú noble árbol-espíritu. Unidos a Hunab Ku, mis cuatro miembros rotan en armonía unos con los otros. Cuatro miembros yo tengo para mantener mi manto del tiempo solar en su lugar. De cada uno de esos cuatro miembros, cinco ríos fluyen, 20 ríos del tiempo solar al todo. Esos 20 ríos del tiempo solar mantienen mis planetas en sus tiempos. Exactamente como tú árbol, yo tengo mis anillos. Diez planetas mantienen mis anillos. El planeta que mantiene el quinto anillo está astillado, pero sus fragmentos mantienen su sonido espectral en su lugar. Diez para sonar mi sonido del tiempo. Veinte (20) son los ríos del tiempo solar, diez (10) planetas de mis anillos, yo alimento el tiempo de cada planeta con dos de mis 20 ríos. Un río es alimentado por el tiempo solar, el otro es alimentado por el tiempo galáctico. El tiempo solar debe venir de ti Sol, pero ¿Qué es el tiempo galáctico, de dónde viene?, el árbol preguntó. El tiempo galáctico es mi noche, el sol respondió. Yo también tengo un tiempo noche y un tiempo día. Vea, como la tierra, yo también tengo un manto exterior, pero mi manto cubre una gran esfera. El planeta más longincuo de mi giroscopio del tiempo solar es el límite de mi esfera. El manto de mi límite exterior es mi heliosfera. Mi heliosfera es como el casco de una tortuga. Con todo, ella es mi membrana del galáctico. A través del poder de mi eje a heliosfera todo gira lentamente alrededor de otra estrella, una estrella madre. Árbol, yo también, soy apenas una criatura. Cuando mi heliosfera se desliza alrededor de mi eje, yo tengo un día muy largo y una noche muy larga. Trece mil años terrestre dura mi noche, 13 mil años terrestre dura mi día. Mi madre estrella está más próxima de la bisabuela Galaxia Hunab Ku, de que tú o yo. Con mi giroscopio yo navego mi tiempo con el tiempo de la estrella madre. Navegando con la madre estrella mi heliosfera recibe tiempo galáctico. Yo derramo ese tiempo galáctico en diez ríos que alimentan los diez anillos planetarios. De esa manera cada planeta tiene su porción de tiempo galáctico. El tiempo galáctico es mantenido para el planeta por su luna, las lunas. Esas lunas son como mi giroscopio del tiempo, y ayudan a mantener el planeta en su tiempo. De esa manera como también, el lado día de cada planeta es para el tiempo solar, el lado noche es para el tiempo galáctico. El árbol estaba muy impresionado. El árbol habló: De alguna manera, sol, yo soy como tú. Yo tengo un eje firme, yo no tengo cuatro miembros, pero yo tengo raíces y ramas, y, dentro de mi tronco, envuelta de mi eje, están mis anillos del tiempo, exactamente como tus anillos planetarios. Esto es muy curioso. El sol respondió al árbol: tú eres muy sabio. Por qué tú eres madera. Yo soy fuego, enemigo natural de la madera. Ver en mí algún tipo de semejanza es señal de gran conocimiento. tú debes ser recompensado. La recompensa que tú te tornas, será un regalo para la última generación de los hijos de la tierra, los herederos del final del tiempo del génesis. El árbol preguntó: ¿Qué es lo que tú quieres decir sol, yo no entiendo? Tu recompensa es que tú estás para tornarte en el árbol flameante de la visión. Cuando ya que el propósito de las criaturas humanas necesita ser reforzado o recordado sobre su gran papel en la biosfera, tú aparecerás del tiempo del sueño en la forma de una visión flameante: un árbol, una rueda, una señal brillante. De esa forma, alguien en cada generación de humanos tendrá la llave para el tiempo. Llave para el tiempo, pero ¿Qué es eso sol?, el árbol preguntó de nuevo. La llave para el tiempo eres tú, árbol. Tu forma en el tiempo es esa llave; un eje inmóvil dentro de un tronco, una mente que se ramifica en el día del tiempo solar y raíces que procuran la noche del tiempo galáctico. Esa mente que procura conocer las raíces del tiempo conocerá mi poder del 20. Veinte (20) es el número de años para una generación humana. Veinte (20) es el número de dedos de las manos y los pies que la criatura humana tiene en las extremidades de sus cuatro miembros. La mente de la criatura humana que sabe que se va a tornar como tú, árbol, fuerte, noble y equilibrado. Pero la criatura humana sabiendo que sabe, será capaz de contar. Veinte (20) es el contagen (cuenta) natural. Veinte son los dedos humanos de las manos y los pies. Árbol, si el humano aprende a contar por los dedos, él puede olvidar la inmovilidad, quieto de la mente. Si él pierde la quietud de la mente, no importará cuántos números de humanos puedan contar. Árbol-espíritu, yo ahora te nombro como guardián flameante de la quietud de la mente, y como la llave para el conocimiento del poder del tiempo, mi sagrada contagen (cuenta) de veinte. En aquel momento, el árbol-espíritu fue consumido por una poderosa ráfaga blanca y caliente de fuego líquido que explotó en todas las direcciones. El árbol-espíritu estaba ahora transformado. Un tronco flamante estaba firme en el lugar. Encima y abajo llamas se proyectaban como ramas y raíces flamantes. Alrededor de las raíces y ramas a través del centro del tronco, ruedas flameantes se inflamaban y se interceptaban.
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